Archivo de September, 2008

El espíritu de Charlot

Sumergir la cabeza en la profundidad de un lago, mar, río o piscina puede ser un buen simulacro de cómo se siente una persona con déficit auditivo. La palabra, distorsionada, no es recogida con corrección por los oídos y hace que zambullirse en el agua se pueda parecer a, por ejemplo, Tiempos modernos, la célebre película de Charlot.

Así, en el agua, todos somos iguales. Igual de sordos, quise decir. E igual de dichosos al poder disfrutar de un chapuzón de relax: sin ruidos, sin gritos, murmullos, comentarios, sin notar cómo el agua golpea en la espalda de quien se tira desde el bordillo y sin la radio del vecino.
Pero, si hay algo que marca la diferencia entre las personas sordas y oyentes es que los que tienen deficiencias auditivas pueden disfrutar de este placer indescriptible en cualquier época del año, sin importar el tiempo que haga; pues se trata de una situación de respiro auditivo que podemos disfrutar al desconectar los audífonos e implantes cocleares.

No en vano, nos perdemos lo que sucede a nuestro alrededor. En realidad, esto no es cierto porque la vida no cesa, sino que cambia de formato: abandona el cine sonoro para adentrarse en el cine mudo, y si tienes tanta experiencia como para considerarte un experto lector de labios, la percepción de lo que pasa cerca de ti es sólo cuestión de acostumbrarse a las nuevas señales.

Y es tan parecido cómo eso mismo: silencio y la sensación de que le bullicio está y crece o decrece pero no lo sufres. Ni te das cuenta. Porque estás en el agua o fuera y no tienes la prótesis auditiva conectada y, ¡porqué no! Estás desconectado, relajado, ausente. Como si estuvieras en una peli de Charlot.

Otras veces, sin embargo, la condición de sumergirte en el agua (hablando metafóricamente) viene sin avisar. Simplemente, se termina la batería del implante coclear, o se agota la pila del audífono y siempre (vuelve a triunfar la Ley de Murphy con esta teoría), siempre, siempre, siempre es en el momento más interesante de la conversación, película, canción, clase, etc. Siempre sin avisar y siempre creando un boquete insalvable en la conversación lineal: al preguntar de qué han hablado mientras estabas “en remojo” (o “sin cobertura”, como decimos algunos), darán la versión resumida de los hechos y perderá parte de su esencial.

Es una característica propia de las personas sordas: necesitamos que nos repitan algunas partes o frases de la conversación. Y somos conscientes de que tomamos la información ya desvirgada, exenta de toda la inocencia que arrastra en la primera vez que se dice; ya procesada, tratada así como seleccionada y adaptada.

Para cuando hayamos encontrado el significado y consigamos unirlo al resto de la conversación, ésta se habrá frenado en seco o habrá menguado por completo. Una lástima (o no, según sea la conversación…). Pero, como diría el bueno de Antonio Machado en Las tierras de Alvargonzález, “no goza de lo que tiene / por ansía de lo que espera”.