Archivo de June, 2009

Herramientas para un mundo de oyentes

Hay algunas situaciones típicas para las personas sordas que escapan de la percepción de cotidianeidad de las oyentes. Con nuestra destreza habitual y gracias al hábito y la costumbre, muchos de nosotros somos capaces de rebajar el impacto de estos problemas que surgen en el día a día.

Así, un corte de pelo puede convertirse en una pequeña pesadilla personal para una persona sorda que, justo en el momento en que le van a lavar al cabello, debe quitarse las prótesis auditivas que le mantienen en contacto con el mundo sonoro. Algunas personas optan por intentar hablar con el peluquero que va a llevar a cabo la operación y explicarle cómo debe hacerlo. Esto, no obstante, no evita que durante el proceso surjan nuevas incógnitas que deban ser resueltas.

Esta situación, incómoda siempre, viene a sumarse a las aparecidas no por ausencia de sonidos, sino por exceso de los mismos: un banquete de bodas, una celebración, una fiesta, una cena en un lugar ruidoso y en donde perderse resulta de lo más sencillo.

En ese momento, la paciencia de nuestros compañeros o amigos será nuestra mayor aliada, nuestra mejor amiga y más exprimida cualidad cuando, las notas de la música amenacen con perder el hilo de la conversación en el aire, o cuando, simplemente, queramos saber de qué canción se trata cada dos por tres.

Luego, sin embargo, prestar atención puede jugarnos una mala pasada: la lectura labial copa todo nuestro campo visual y, al caminar, no vemos venir las cabinas telefónicas, papeleras, personas y otros elementos merecedores de un inevitable choque.

Tres situaciones de lo más comunes y cotidianas en un mundo que no se pensó para las personas sordas pero que, con destreza y agilidad, como cuando pagamos de más (al no oír el importe que se nos indica) o cuando nos aprendemos el recorrido a realizar en taxi para poder guiar al conductor antes de que éste nos dé una vuelta exagerada.

“Herramientas”, que dirían algunos entendidos del tema, para sobrevivir en un mundo que, al igual que pensamos todos (oyentes o no), no está hecho a la medida de uno.