Archivo de October, 2009

Sordos, pero no mudos

Visto que el mundo y la sociedad que habita en él se han empeñado en que las personas sordas son, además, personas con algún problema en la voz o mudas; toca plantarle cara al viejo rumor y demostrar que, aunque con un tono diferente y una vocalización a veces exagerada, las personas con discapacidad auditiva tenemos mucho que decir.

Aprender a expresarse no es fácil cuando la recepción de la información falla. Subirse al carro de la comunicación tomando la iniciativa puede resultar, para aquellas personas con deficiencia auditiva, una cuestión de total desasosiego adornada de titubeos, tembleques y otros matices escondidos dentro del temor escénico en su fase más acentuada.
Si de la experiencia ajena no podemos guiarnos porque a nuestra cabeza no llega una ponencia efectuada a larga distancia, o quizás porque no contamos con las medidas técnicas necesarias; habrá que disponer de trucos específicos que nos ayuden a desenvolvernos en una situación de emergencia al hablar en público.

Ése grupo de herramientas y trucos para mejorar nuestra oralidad y sacarle todo el partido que se pueda se llama Ángel. Ángel Lafuente, para ser más exactos. Y los próximos 20 y 21 de noviembre repetirá, en Clave, la hazaña de enfrentar a un grupo de personas con deficiencia auditiva al público para despojarlas de todo miedo escénico y adentrarlas en lo que él denomina “placer escénico”. Según Ángel, es posible disfrutar sobre un escenario si se toman en conciencia un par de sugerencias que él mismo recoge en su curso “Cómo hablar siempre con eficacia”.

Más allá de las dificultades comunicativas, es importante saber dominar la palabra oral, que actuará como batallón de infantería a la hora de expresar nuestras necesidades, que tendrá un valor doble si se aprende a arrojarla con la intención y forma correcta según el ambiente y la situación.
 
Ya sea para terminar con el mito de que las personas sordas no hablan o no se expresan bien, o por esa necesidad humana tan importante que resulta el ser escuchados, tenidos en cuenta, considerados, mediante la palabra hablada, que juega un papel importante: el de una de las puertas hacia la autonomía personal, la decisión propia y el respeto a uno mismo: podemos (y debemos) reivindicar nuestras necesidades y deseos de forma eficaz y sin que esto suponga un trauma.
 
Demostremos, pues, que no nos ha comido la lengua el gato. Que el oído y el habla son dos cosas diferentes y diferenciadas que tienen algo en común, pero que no desaparecen a la vez. Demostremos, también, que tenemos mucho que decir, empezando porque no somos mudos y sí tenemos mucho que decir y con lo que enriquecer este mundo.