Archivo de May, 2010

Suena tan fácil

“Tengo la sensación de que hablan de mí pero no les oigo. También de que no estoy captando toda la información que pudiera. Y, por ende, que mi opinión no será todo lo tomada en cuenta que merece, precisamente, por carecer de todo el fundamento que merece para ser construida y revisada. Tengo la sensación de que me empiezo a poner nerviosa, que miro a todas partes, que sólo veo labios y oigo sonidos que, decididamente, ¡no! No encajan con los labios que leo.

No puede ser. Tengo que tener paciencia, respirar, buscar un punto fijo donde centrar mi vida y dejarla fluir. No pasa nada, si no quiero que pase nada, no pasará. Tranquilidad, mucha calma y buenos alimentos. Buenas intenciones, si acaso.

Centra tu mirada, ¡céntrala! Desconecta (de forma metafórica, no hace falta que te quites las baterías del implante coclear), vacíate, llénate de otras sensaciones y déjalo estar por un momento. Suena fácil, ¿verdad? Suena más fácil todavía cuando uno conoce las técnicas de relajación que existen y todos los mitos que les rodean.

También suena fácil estar en una conversación con un sonido ambiente cargado de platos que entrecortan y golpean las palabras de los emisores con tal fuerza que, incluso las personas sordas, nos llevamos la mano de puro daño que nos hace. Otras veces, parece que una apisonadora de música a tope cargase contra cada mensaje y los dejase “fuera de juego” para nosotros. O simplemente, una persona que no vocaliza o con un tono de voz lo suficientemente bajo como para no entenderlo. Es fácil decir que “no se entera y le da igual”, pero no es así.

Pero no sólo nosotros nos subimos por las paredes en una situación de no saber cómo reaccionar. También los profesores pierden la paciencia y se quedan en un estado de shock difícil de determinar… y amigos, familiares y allegados. Nadie se salva de la fiebre del estrés…”.

Por eso, el próximo 28 de mayo, en “Quedamos en CLAVE”, el debate se centrará en qué situaciones nos estresan a las personas sordas y cómo tratar de resolverlo. Por eso, el 28 podemos darnos cuenta de que en el combate contra la desesperación, ni luchamos solos, ni estamos desarmados.