Archivo de March, 2012

Todas podemos ser Marlee, Vanesa y Helena

En el Día Internacional de la Mujer Trabajadora los medios se hacen eco de las diferentes situaciones del ámbito laboral en las que las mujeres son protagonistas, ya sea por la perfecta compaginación de lo laboral con lo familiar o por la ruptura de estigmas sociales que sufrimos.

El género femenino se manifiesta ahora bajo cualquier perfil con un éxito abrumante. Una reciente encuesta señalaba que las empresas con una mujer al frente son sinónimo de eficacia. Aplicado al plano personal, la eficacia se lleva practicando desde hace años, desde que la incorporación de la mujer al trabajo hizo de éstas auténticas profesionales del equilibrio y de la responsabilidad emocional, profesional y familiar. Las mujeres, por lo general más comunicativas que los hombres, también son un motor de ejemplo y aprendizaje que todavía rezuma conocimientos.

Las barreras, sin embargo, siguen para frenar el progreso natural de la mujer. Así como también sucede en el mundo de la deficiencia auditiva. Y cuando estas dos barreras se unen, el problema se fortalece.

Ser sorda y mujer, en conjunto, no es fácil ahora y no lo debió ser tampoco a finales del siglo XIX y principios del XX, la época en la que la escritora, profesora y activista política Helen Keller comenzó a demostrar que las desventajas de la discapacidad (en su caso, de la sordoceguera que le acompañó desde los 19 meses) no eran incompatibles con una prolífera vida profesional.

Helen Keller es tan sólo el primer esbozo de una profesional con dificultades auditivas. Hoy en día, nombres como el de Marlee Matlin (actriz sorda ganadora de un Óscar y un Globo de Oro por Hijos de un Dios menor) deberían ser noticia por su interpretación y no por su discapacidad auditiva. Pero la vida esconde aún a muchas mujeres sordas y muy válidas que, por una u otra razón, se mantienen en un plano secundario e inexistente.

Helena Jarmer, la primera diputada sorda electa en Austria, es un ejemplo de que tampoco estamos tan lejos de la normalización. Es de las pocas profesionales de la vida pública que han asumido y peleado con su deficiencia auditiva para romper esa barrera.

Y luego está lo de renunciar a lo femenino por el hecho de tener una discapacidad o, más concretamente en nuestro caso, por el hecho de tener unos audífonos o implantes cocleares anclados a nuestras orejas. Orejas que, por cierto, habrán adquirido una leve deformación “a lo soplillo” por el peso de estas prótesis. Eso ya es un handicap adquirido por el estigma social.

Y si no, que se lo pregunten a Vanessa Vidal, una joven del Estado brasileño de Ceará que se alzó como primera Dama de Honor en el popular concurso de Miss Brasil 2008 quien, además, agradeció su premio en lengua de signos.

Estos y más ejemplos me llevan a una conclusión: todas podemos ser Marlee, Vanesa o Helena, todas podemos compaginar con éxito lo profesional, lo auditivo y el ser mujer, sin que esto nos complique demasiado la existencia. Todas podemos lucir las prótesis con valentía, belleza, elegancia y singularidad y todas, absolutamente todas, podemos dejar de preocuparnos de si el pelo tapa bien o mal nuestros audífonos o implantes. Lo que no se tapa, y no se debe tapar, es la discapacidad auditiva, como tampoco tapamos nuestra profesionalidad y feminidad.