Archivo de July, 2012

Apaga y vámonos

De las ventajas de ser una persona sorda no hablamos demasiado. Es más, podría ser considerado como que “está mal visto” que existan ventajas, ya que es una “tara” con la que nos toca vivir y convivir a algunas personas. Pero, como todo en la vida, la deficiencia auditiva tiene sus ventajas y hay que aprender a valorarlas como tales: como beneficiosas, aunque vengan de rebote de algo que no lo es tanto.

Por lo general, a las personas sordas no les molesta el camión de la basura a las dos o tres de la mañana en las noches calurosas en las que hay que dormir con la ventana abierta. Tampoco les molesta el ruido del ventilador o del aire acondicionado. Ni la reforma total que está haciendo el vecino del piso de arriba a la hora de la siesta.
Es bastante común que las personas con deficiencia auditiva severa o profunda duerman, descansen y se concentren sin ponerse sus prótesis. Y es muy probable que gradúen el volumen de entrada de los sitios más ruidosos. El despertar suele ser mucho más lento que cuando dormimos con las prótesis y nos sobresaltamos con los ruidos ambientes.

Pero esto entraña una gran virtud, manifiesta sobre todo en los meses de julio y agosto y, en algunos ambientes, también en Navidad. Los trenes, aviones y, en general, cualquier transporte público en época vacacional se convierte en un festival de llantos, gritos y juguetes que hacen ruido en los vagones del tren. Es un trabajo arduo mantener a los niños calmados y tranquilos durante viajes de más de tres horas, pero ante la desesperación… “apaga y vámonos”.

Y del dicho al hecho. Apagar la prótesis y evadirse del sufrimiento terrenal al que los oyentes, cansados y seducidos por la idea de echar una cabezadita, no podrán escapar por más que lo intenten es un placer que sólo alcanzan unos pocos, en concreto, las cerca de un millón de personas que tienen discapacidad auditiva que hay en España.
Un consejo gratuito de una experta en la técnica del “apaga y vámonos” es que hay que ser prudente y honesto, y no utilizar esta estrategia para eludir responsabilidades (por ejemplo, cuando los niños que arman escándalo son los de una o porque no queremos hacer algo y nos hacemos los dormidos o desconectados y no enterados), o porque, directamente, no queremos seguir escuchando a una persona en una acalorada discusión.

Así no. Seamos honestos, porque si no, luego podemos dar rienda suelta a que se califique la deficiencia auditiva como que “oímos lo que queremos” y que más que sordera, lo que tenemos es “mucho cuento”. Se entiende la reflexión, si estamos atendiendo a lo que queremos, y para lo que no, nos hacemos los suecos.

Esto de la sordera a veces resulta como la magia en las pelis y las series. Siempre hay por ahí un veterano que aconseja al hechicero novato (más bien, “prohíbe”) no usar su arte para dañar a los demás o bajo el paraguas del beneficio egoísta y avaricioso. Nadie puede exigir solidaridad si no la da. Con eso sí que no se puede hacer “apaga y vámonos” porque la vida da muchas vueltas y uno nunca sabe qué o a quien se va a encontrar en el vagón del tren.

Esta salida, la del “apaga y vámonos”, puede resultar un arma de doble filo difícil de manejar, según en qué caso. Pero luego no sería muy aconsejable enfadarnos con nosotros mismos y con el mundo en general, si no nos enteramos de lo que ha sucedido y nos angustia ser los últimos en saberlo. Pero eso es otra historia que da más peso a mi filosofía: según lo plantees, será una virtud o un defecto.