Archivo de December, 2017

Fiesta

Nochebuena y Navidad, la primera parte de una larga fiesta. A ella le gustan las celebraciones, aunque como es natural echa de menos a los que no están y le asaltan unas tímidas ganas de llorar mientras brinda con sus hijos. Le molestan los ruidos de petardos, desde siempre. No entiende que la gente disfrute con el ruido. “Debería estar prohibido”, exclama ante la aprobación de los presentes.

Durante la preparación de la mesa y el aperitivo decide fijarse en el informativo. Con el volumen más alto de lo normal. Lleva una temporada buena con el audífono, pero se siente más segura con la televisión a buen volumen. Entonces dan una noticia que les llama la atención: “El Parlamento de Andalucía ha aprobado la proposición no de ley que mejora la accesibilidad de los centros de salud para personas con cualquier tipo de discapacidad, después de que el pasado verano un paciente con sordera estuviera 7 horas esperando sin ser atendido en el hospital almeriense de Torrecárdenas porque no oía las llamadas del personal médico”.

La medida establece un plazo para elaborar un registro de centros hospitalarios y de salud que no cuenten con sistema adaptado. El propósito es conocer las condiciones básicas de accesibilidad y la relación de ayudas y servicios auxiliares para la comunicación y establecer un calendario para su implementación.

—Parece, mamá, que os empiezan a hacer algo de caso— exclama Raquel.
—Esto es una gota en el océano. Bienvenida, en cualquier caso.

Es una noche casi feliz. La madre de Raquel sigue con los ojos empañados. Con la mirada fija en la nostalgia de otros tiempos. Cuando no necesitaba ese aparato para poder oír. Pero está contenta. Sigue adelante y con las ilusiones intactas.


El viaje a ninguna parte

Jamás olvidarán ese viaje en coche. Las circunstancias influyeron mucho en aquel episodio. Y eso que tenían quince días por delante para disfrutar en Galicia, un lugar que encanta a su madre. Pero Raquel y su marido también tenían pensado aprovechar las playas, la gastronomía, las excursiones culturales. El verano y sus vacaciones empezaban para ellos con un pronóstico excelente.

A Raquel le gusta conducir. Desde joven. Y a Mario no le importa cederle el volante. Él se considera un consumado copiloto. Pero en esta ocasión estaba obligado a darle conversación a su suegra. Porque ella no aceptaba de buena gana cuando los dos miembros de la pareja hablaban entre sí. Ese día estaba especialmente intrusa.

“Una vez que llegamos a destino comenzó a aclararse todo lo sucedido. Mi madre -explica Raquel- no paraba de meterse en la conversación porque no se estaba enterando de nada. Era su manera de luchar contra la incomunicación. Pero a mí llegó a hartarme. Y no me gusta enfadarme cuando voy conduciendo”
No sabía en ningún momento si se dirigían a ella en la conversación. No se enteraba de casi nada. Y para evitar el enfrentamiento con su hija recurría a su yerno para preguntarle de qué estaban hablando. “Fue la primera vez que nos dimos cuenta de que el audífono de mamá no estaba bien ajustado. Cuando me percaté del origen del problema me dio cierta pena, porque llegué a ponerme a cien”, cuenta Raquel.

Saber que no oía lo suficientemente bien relajó la tensión. Procuraron hacerse entender en esas vacaciones, que finalmente fueron a gusto de todos. Aunque la protagonista del viaje tenía muy claro que a su vuelta iba a buscar solución a su problema.


Con la tele a todo trapo

Raquel suspira antes de hablar. Quiere ser comedida, que no le puedan los malos momentos, esos instantes al borde de la discusión, de la incomunicación. “Afortunadamente, ahora estamos mucho mejor. Tardó mi madre en hacerme caso y consultar con un especialista. Gracias a los audífonos nuestra relación ha cambiado. Y bastante”, explica Raquel.

La madre de Raquel vive sola hace más de quince años. Aunque sus hijos están muy pendientes de ella, no es lo mismo compartir el día a día que verte de vez en cuando: “Así es más difícil darte cuenta de los pequeños cambios. Nosotros no nos dimos cuenta de que estaba perdiendo oído. Al principio, claro”.

Las alarmas se dispararon con una disputa vecinal. Raquel y su hermano se encontraron de la noche a la mañana con un panorama en casa de su madre desconocido hasta entonces. “Jamás en la vida -afirma Raquel- hubo en el domicilio familiar un problema con ningún vecino. Estábamos extrañados y también asustados por mi madre”.

¿Cómo comenzó todo? Al lado de la madre de Raquel vivía una muchacha joven. Llevaba unos dos años en ese piso. Y nunca habían saltado chispas. ¿Qué es lo que había cambiado? Según relata Raquel, su madre tenía que soportar cómo aporreaban las paredes pidiendo silencio. Asustada, la madre no se atrevía pedir explicaciones, pero tampoco a dirigirse a la comunidad de propietarios.

Antes de dirigirse a la vecina, a Raquel se le ocurrió presentarse una tarde-noche por sorpresa en el domicilio de su madre: “Entonces me di cuenta. Tenía la televisión a todo trapo porque a un volumen normal no se enteraba de nada”. Tras disculparse con la vecina, convenció a su madre para que se hiciera unas pruebas. Ya habían localizado el problema.


Esa es la actitud

Es una de las ventajas de tener muchos amigos y tiempo para disfrutar de la vida. Jubilado tiene la misma raíz que júbilo, palabra que significa alegría. “Lo importante es llegar bien. A mí me ha fallado el oído, pero tengo ganas de pasármelo bomba”, aclara María sobre su tiempo libre.

En verano le gusta marcharse a Galicia. Hay años que pasa julio, agosto y septiembre en esas tierras: “Así me libero un poco del calor de Madrid, estoy en la playa y me dedico a nadar y a pasear. Para nadar me quito el audífono. En el mar no lo necesito. Allí estoy en la gloria”. Pero como tiene amigos por toda España se permite viajar con regularidad a distintos enclaves de la geografía: “Busco el mejor clima, allá donde me encuentre mejor”.

La botella en su caso está un poco más que medio llena. María es una optimista patológica, a la que su discapacidad auditiva y otros achaques no le restan las inmensas ganas de seguir disfrutando de la vida: “No voy a perder el tiempo quejándome por las cosas que no funcionan. Tampoco me voy a conformar. Todo lo que podamos cambiar hay que luchar para modificarlo. Y sobre lo que no se puede no debemos pasar la vida lamentándonos”. Esta actitud genera entusiasmo entre su familia. Sus hijas se alegran de su vitalismo, y la ponen como ejemplo.

“Pero que nadie piensa que no me afecta oír bien -explica María-. Ojalá el audífono funcionara mejor y me sintiera capacitada casi al cien por cien. Es una faena perder audición. Lo que pasa es que yo no me voy a venir abajo. Hay que afrontarlo todo con la mejor de las sonrisas, pero siendo consciente del problema”.


Hay personas que hablan para el cuello de la camisa

María ejerce de optimista contagiosa y es algo de agradecer: “No recuerdo ningún momento malo derivado de mis problemas de audición. Como soy una persona muy abierta cuando no me entero de algo lo pregunto. Por ejemplo, el otro día en el médico, le dije que hablara un poco más alto. La verdad es que hay personas que hablan para el cuello de su camisa”.

El balance de estos cinco años con audífonos en lo que se refiere a consultas con el otorrino es positivo: “Con los médicos mi relación es bastante buena. Hace poco estuve en una revisión, pero reconozco que no voy todo lo que debiera. A otros especialistas, sí. Son cosas de la edad. Tenía mareos. Yo llegué a pensar que eran vértigos. Me miró los oídos y me quitó un tapón precisamente del que oigo mal”.

Aunque María es una mujer fuerte y segura de sí misma, echa de menos los tiempos en que oía perfectamente. Por eso a veces se pregunta si con una operación habría solución. No le importa fantasear con un implante coclear, aunque no sabe si podría realizárselo: “Si fuera posible me tendrían que dar muchas garantías. Me genera muchas dudas personales que debería resolver”.

“A mis años todo son problemas. También tengo la vista cansada para leer -explica María-. Y está mi problema con los audífonos, que no estoy contenta con ellos. Mis amigos que los usan están plenamente felices. Yo con ellos no oigo bien. Espero que pronto den con la tecla. No pienso parar hasta estar plenamente satisfecha”.


El apoyo de los amigos

Con respecto a la manera de afrontar la pérdida auditiva “hay gente pa’tó”. Esta expresión se relaciona con el encuentro entre el torero Rafael Gómez Ortega “El Gallo” y el pensador José Ortega y Gasset. “Tié q’haber gente pa’tó”, dicen que dijo el diestro al enterarse de que Ortega era filósofo y se dedicaba a pensar.

María es de esa opinión, porque en su entorno se encuentra con reacciones muy distintas, unas más saludables que otras. Ese amigo que con sus audífonos se declara feliz de la vida, ejemplo ante adversidades, se ha convertido en un referente: “Él está mejor que yo, completamente adaptado a los aparatos. Y da mucha fe comprobar lo bien que se siente”.

Otra situación bien distinta es la de su amiga E.: “Es muy consciente de que no oye nada bien, pero no hace nada para evitarlo. Como vive en un chalé, usa una sala en el sótano para ver la televisión. Allí la pone a todo trapo. Con sus hijos no puede verla en el salón principal porque no se entera”. María sabe que E. no puede seguir actuando de esa manera, no solo por su salud, también por sus vinculaciones familiares: “Dentro de poco tiempo nadie de los suyos la hará caso. La comunicación resulta muy difícil”.

La ayuda mutua, los consejos… así es más fácil el camino. “La que me acompañó a hacerme las pruebas -explica María- fue otra amiga, sorda de un oído y bastante de otro. Tiene una enfermedad que hace que se le deshagan los huesos del oído. A mí me ayudó bastante tener su apoyo”.