Archivo de April, 2018

Ruidos de novela de terror

Los días previos a la consulta con el otorrino los pasó Manuel escrutando internet. Sabe que no es lo que tiene que hacer, pero no puede evitarlo. Los pitidos van en aumento. No se van, como él pensaba. Y empieza a familiarizarse con los síntomas, las estadísticas. No recomienda a nadie que lo haga. Para eso están los médicos. Pero la impaciencia le está asediando.

No le tranquiliza saber que cualquiera puede padecer acúfenos, independientemente de la edad, el sexo o la condición. Los datos dicen que un 8% de la población tiene tinnitus. Vale, pero ¿por qué a él? ¿Qué es lo que ha hecho? Si sigue leyendo le entran escalofríos: los acúfenos afectan a tres millones y medio de personas en España y a 25 en toda la Unión Europea. También se entera de que la incidencia aumenta con la edad, que es más habitual que aparezca a partir de los 45 años. “Va a ser eso -piensa- que la edad no perdona”.

Pero lo que le pareció de novela de terror fue la diversidad de ruidos que pueden llegar a aparecer: pitidos, timbres, zumbidos, la señal de la televisión, silbidos, campanas. Y lo que más le asustó: se pueden presentar como sonidos como chasquidos o palpitaciones que van al mismo ritmo que el pulso cardiaco.

Por fin llegó el día. Y resulta que aquella infección en la muela la había causado una otitis, origen de los acúfenos. Ese fue el diagnóstico. Sintió cierto alivio pues según el doctor los pitidos se podrían quitar si desaparecía la otitis. El remedio, antibióticos orales. Se marchó confiado a casa, a pesar de los pitidos, que le hacían pensar en un partido de fútbol.


Tinnitus no es nombre de legionario romano

— ¿Puede repetirme, doctor, el nombre de lo que tengo?

— No digo que lo padezca. Lo tiene que certificar el especialista. Pero parecen acúfenos. Usted sufre una patología denominada así, aunque también se conoce como tinnitus.

Las molestias que Manuel está sintiendo en los últimos tiempos no le quitan el sentido del humor. Lo primero que hizo nada más salir de la consulta del médico de familia, incluso antes de pedir la cita con el otorrino, fue googlear en el móvil y buscar la etimología de la palabra tinnitus. Así que tiene origen latino (tinnire), leyó, y significa “tañir o sonar como una campana”. Es la palabra que se utiliza en inglés para referirse a los acúfenos. Él prefirió pensar que era un legionario romano que tuvo la mala suerte en su vida de cruzarse con Axtérix y Obélix, los galos protagonistas de las historietas de René Goscinny y Albert Uderzo.

Todo empezó con un leve pitido en el oído izquierdo. Prácticamente ni lo notaba. Pasados los primeros días, Manuel se fue preocupando por momentos. No era muy molesto, pero la insistencia le estaba desquiciando un tanto. Como todos, le dio por buscarse el mejor diagnóstico posible: “Seguro que es un tapón. Voy al médico y me lo quita”.

Recordó entonces en su juventud cuando unas molestias en ambos oídos dieron con él en la consulta del otorrino, que recomendó una audiometría. Los resultados le llenaron de satisfacción: “Casi se puede decir que tiene un oído superior a la media”. Las molestias se fueron, de la misma manera que vinieron. ¿Estrés en su primer año universitario? Lo cierto es que más de veinte años después tenía que volver a consultar con un especialista. Quizá debería haber hecho algún control antes, reflexiona Manuel.


Todavía no sé si me voy a implantar

Alberto tenía muchas ganas de que llegara el día. Pensaba que el otorrino le iba a sacar de dudas. No siempre es así. La mayoría de las veces es uno quien tiene que decidir, después de haber escuchado las valoraciones de expertos, claro.

Mientras espera su turno, Alberto ojea la prensa. Allí se encuentra con un reportaje sobre Roger Daltrey, el cantante de The Who, quien a sus 74 años ha recomendado a los que vayan a los conciertos que se pongan los “jodidos tapones en los oídos”. El músico ha reconocido que necesita leer los labios como apoyo para seguir una conversación. Su audición deja mucho que desear tras una vida por los escenarios de medio mundo. “Por lo menos ha disfrutado con la música”, piensa Alberto.

Y le llega el momento. El otorrino lee detenidamente el informe del audiólogo sobre posibles soluciones para la cofosis funcional en el oído derecho y la hipoacusia sensorial severa en el oído izquierdo: transmisor en el izquierdo con bluetooth y audífono en el derecho. El consejo es claro: le dice que como tiene un periodo de prueba de dos meses que lo haga, para que pueda comprobar si existe mejoría, si se adapta bien. No obstante, le envía a un centro especializado para que le realicen una valoración preimplante por si finalmente opta por esta otra solución.

Salió deprisa y corriendo, porque iba muy justo para regresar al trabajo. De camino, le daba vueltas a la cabeza sobre la mejor decisión. Todavía no sabe qué hará. Está consultando con mis amigos y sobre todo con su propia cabeza. En el horizonte, oír mejor.


Es la ruina esto de querer oír

Alberto sigue realizándose todo tipo de pruebas para que otorrino disponga del mayor número de datos y así poder decidir si se realiza el implante coclear. En uno de esos centros a los que acudió le comentaron la posibilidad de encontrar una fórmula para poder escuchar mejor sin necesidad de implantar. Esta solución pasa por colocar en el oído izquierdo, el malo, como lo llama él, una especie de transmisor que enviaría al oído derecho, el menos malo, toda la información por bluetooth.

A pesar de su buen ánimo, a veces la situación le produce cierto desasosiego: “Me cambié los audífonos hace justamente un año. Y ahora me los tendría que dejar de repuesto, pero solo para el izquierdo, el malo. Bueno, el otro, el derecho, al que algunas veces llamo bueno, realmente no es tan bueno. Aunque con los nuevos audífonos podría estar dos meses de prueba, tendría que adelantar 600 euros. Si finalmente decido quedármelos serían un total de 3.600. Una pasta. Es la ruina esto de querer oír”.

Está deseando reunirse con su otorrino para que le explique bien las opciones y cuál es la más conveniente para él. Mientras llega el momento solicita opinión a sus amigos. Sabe que no pueden aclararle las dudas, pero él necesita comunicarse, hacer partícipe a los miembros de su entorno de la dificultad de la decisión, de la encrucijada en la que está. Quiere oír mejor y no sabe todavía por dónde tirar. Cree que la visita al especialista será crucial para su futuro.


Tras el implante igual me comporto como un bebé

— ¿Sabías que Apple ha propuesto 13 emojis para personas con discapacidad?

Lo raro es que Alberto no lo sepa. Suele estar muy enterado y no solo porque escucha la radio en sus largos trayectos diarios.

— Cuenta, cuenta. ¿Qué van a poner para los sordos como yo?

— Mejor lo vemos en el móvil.

Y los dos amigos comprueban que la compañía estadounidense quiere diseños dirigidos a representar a personas con discapacidad visual, auditiva y motora, como prótesis, perros guía o lenguajes de señas.

— Aquí está el mío —señala Alberto al tiempo que se pone a cavilar—. Una oreja con un audífono intracanal. Pero no están los implantes cocleares. ¿Te he dicho que me estoy haciendo pruebas para ponerme un implante?

Alberto se comporta como un jabato. Su gente más cercana le admira. Con su enfermedad, el síndrome de Melas, a cuestas y sigue poniendo al mal tiempo buena cara. Son muchos frentes, pero no le importa. Quiere ponerle remedio a la hipoacusia neurosensorial profunda de su oído izquierdo. Falta ya poco tiempo para que le confirmen si puede seguir adelante con el implante. No quiere esperar. Se le está haciendo muy larga esta temporada.

Es una persona sensata, pero no tiene ningún miedo ante una nueva intervención quirúrgica: “Yo quiero oír y me dan igual una o mil operaciones. La alteración mitocondrial me está afectando a los músculos y en cierta medida me debilita psicológicamente. Intento imaginarme cómo será oír mejor. Igual termino haciendo las mismas cosas que los bebés con pérdida auditiva en esos vídeos que vemos en Youtube cuando les implantan o les colocan audífonos”.


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Quiero ir al Mundial como el gato Aquiles

— Aquiles, un gato sordo que vive en Rusia, va a ser el encargado oficial de predecir los resultados del Mundial de fútbol.

— Me podían llevar a mí, que también estoy sordo y seguro que de fútbol tengo la misma idea que el gato —contestó Alberto, todavía molesto tras la operación quirúrgica.

— No se te quitan las ganas de bromear ni en el hospital. Que sepas que es gato muy artista, pues vive en el Museo Hermitage de San Petersburgo.

Lo de Alberto es un no parar: de pruebas diagnósticas a intervenciones. Él dice que goza de una estupenda “mala salud de hierro”. La última visita a los boxes ha sido por un nódulo en las tiroides. No le importa que esta nueva avería tenga o no que ver con su síndrome de Melas. Aspira a seguir venciendo obstáculos, surjan de donde surjan.

Pero ya tiene otra tarea. Su enfermedad avanza y la pérdida de audición en el oído izquierdo está siendo endiabladamente rápida. Ya no le valen los audífonos. Tanto es así que los especialistas están estudiando la posibilidad de realizarle un implante coclear unilateral. Acude a las pruebas con su acostumbrada fe en la vida: audiometría tonal, logoaudiometría, audiometrías de campo libre con y sin audífonos, TAC, resonancia magnética…

Y más valoraciones para saber si definitivamente es necesario el implante coclear o se puede esperar en caso de una posible mejora. En un par de semanas tendrá más datos. Está impaciente, pero tranquilo.

— Si Fernando Alonso puede esperar por un coche bueno para las carreras de Fórmula 1, yo también sabré aguardar mi turno —comenta a sus amigos.