Archivo de November, 2018

Ahora la parte externa del implante

“La recuperación está siendo molesta. A lo normal en estos casos se añade que he tenido conjuntivitis en el ojo izquierdo y parálisis facial en el lado derecho. Esto me ha fastidiado. No podía mirar el teléfono móvil bien, y es lo único que me distraía”, explica Alberto.

La intervención en la que le iba a realizar el implante coclear estaba prevista para febrero, pero le llamaron antes y Alberto no dudó ni un momento en aceptar este cambio de planes. Mientras espera que cicatrice todo bien repasa aquellos momentos: “Mi operación tenía alguna complicación extra, porque soy diabético. Por eso controlaban el suero con glucosa. Una vez que se me pasó la anestesia paliaron los dolores con calmantes rápidos”.

Una radiografía reveló que el implante había quedado en mala posición, lo que provocó que volviera a entrar en quirófano. “Recuerdo aquel fin de semana con molestias -comenta-. Aunque lo haya pasado mal, yo sigo empeñado en que esta es la mejor solución para mi audición. No contemplo ninguna otra alternativa. Era sí o sí”.

Alberto volvió a casa y acude a revisión cada dos días. La parálisis facial ha remitido y la conjuntivitis va camino de ello. Se acaban los fastidios. Muy pronto le ponen la parte externa del implante coclear, lo que le mantiene muy animado: “Estoy deseando que el proceso avance. Me voy a emplear con todas mis fuerzas para que el resultado sea satisfactorio. Ahora no puedo llevar una vida normal y yo quiero volver a integrarme, regresar al trabajo, asistir a conciertos de música, quedar con los amigos…”


Un implante a los 40 años

¿Quién dijo miedo? Alberto tiene muy claro que no se puede ir por la vida regateando esfuerzos. Y eso que ha debido afrontar un golpe tras otro: diagnóstico de diabetes, problemas de audición… Y otras cosas que no cuenta. Todo derivado de un problema genético. La penúltima piedra en su camino fue un nódulo que le extirparon de la glándula tiroides. “La radioterapia me dejó muy débil, pero la decisión estaba tomada. Ya no oía prácticamente nada por el lado derecho. Los audífonos, que antes me habían devuelto a la vida, prácticamente no me servían para nada. Por eso aposté por el implante coclear. Era la única solución”, explica.

A Alberto le habían convencido las explicaciones previas a la cirugía y era consciente del proceso que vendría después: “Aunque pueda parecer inconsciente, fui sin miedo de nada, porque era lo que quería hacer. En cuanto me recuperé de la intervención del tiroides, me puse con esto. Nunca dudé si operarme o no”.

Él es de lo que se levanta a comerse el mundo todas las mañanas. Parece que ha desayunado tigre. Su energía vital es arrolladora. A mal tiempo, siempre buena cara. De alguna manera es un superhéroe. En el informe anterior a la operación destacaron que su actitud era muy favorable. “Tengo cuarenta años, me van a poner un implante coclear unilateral en el oído derecho -comenta-. Estoy convencido de que todo va a valer la pena. Mi optimismo no esconde las realidades. Lo he pasado fatal en el hospital. Hubo que repetir la cirugía y he sufrido muchos dolores. Pero ahora a seguir”.


Con los audífonos evitaba los juegos de acción

Le apasiona el fútbol. Sobre todo, como espectador. El equipo de sus amores es el Real Madrid, pero José disfruta con los grandes jugadores. Por eso admira a Leo Messi (aunque sea del Barcelona) y a todos los que aportan algo especial en los terrenos de juego. “En el estadio Santiago Bernabéu se sienten los partidos de manera especial, pero yo casi prefiero verlos en casa o en el bar. Demasiado ruido en el campo. No termino de estar tranquilo”, explica José.

Nunca le interesó demasiado la práctica del deporte. En este sentido, los audífonos no frenaron sus ansias de juego, pero sí influyeron en sus costumbres: “Me divertía más con otro tipo de juegos, menos físicos. Cuando me pusieron los audífonos me di cuenta de que a partir de ese momento iba a estar limitado. Yo mismo evitaba la acción. En cualquier caso, puedo decir que viví mi infancia de manera satisfactoria”.

Su trabajo en el bar no le permite disfrutar de los fines de semana fuera del local, porque es cuando se produce la mayor afluencia de clientes. “Librar entre semana -dice- te aleja un tanto de la vida social con los amigos. Pero yo lo aprovecho para ir al cine o pasear. Normalmente puedo oír bien y no pierdo el hilo de las películas, aunque en alguna ocasión el audífono ha fallado precisamente a la mitad del filme. Bueno, son gajes del oficio. En casa, cuando veo algún programa en televisión no necesito activar la opción del subtitulado. En el bar no me entero muy bien cuando hay mucha gente, pero estoy trabajando. No tengo por qué enterarme de todo”.


Casi nunca me acordaba de que llevaba audífonos

“¿Tengo un carácter distinto derivado de mi sordera? No lo sé. Supongo que habrá influido. ¿He podido superar el aislamiento del mundo y la desconfianza gracias a los audífonos? Claro que sí. Lo que no tengo claro es si la cierta prevención que mantengo ante las personas y los acontecimientos viene de fábrica o la he desarrollado a partir de mis problemas de audición”. Así explica José la posible influencia del uso de audífonos en su carácter.

José no es tímido. No puede serlo trabajando en un bar. Se considera reservado, pero con el suficiente ánimo para afrontar los problemas: “Hay que tener en cuenta que pasé mucho tiempo durante mi infancia en el bar de mis padres. Luego, cuando era joven, les ayudaba los fines de semana. Finalmente tuvieron que traspasarlo, pero yo seguí trabajando como camarero en distintos locales. Eso te da mucha capacidad para el trato con otras personas”.

Sus recuerdos de juventud no difieren especialmente de los de cualquier otro chaval. Quedadas con la gente de la pandilla, salir a divertirse los fines de semana (no todos): “Cuando mi trabajo me permitía acompañar a mis amigos en casi ningún instante me acordaba de que llevaba audífonos. Solo en ciertos lugares con la música alta y mucho ruido ambiente podía llegar a sentirme molesto”.

Las relaciones personales entran también dentro de los parámetros de la normalidad. Conoció a su mujer en una fiesta. Pasado el tiempo la pareja cuenta con un niño más en casa. José está encantado. “Si alguna vez me siento decaído -explica- pienso en ella y en mi hijo y pronto se me pasan las penas”.