Archivo de January, 2019

Se quitó el audífono para una cita

María se hace la remolona. Está dando largas a colocarse el audífono que necesita. Para el otro oído. Ya está superada la crisis de la financiación. Sus hijas y su hermano son una piña y van a ayudar en todo lo que sea necesario, no solo en lo material. Pero ella aprovecha los tiempos muertos que va dando la vida en el día a día y lo pospone sin motivo.

Laura y Susana tratan de evitar el bloqueo de su madre. No lo tienen fácil.

— Acuérdate —explica Susana a su hermana— cuando conoció a aquel señor que tanto le gustaba. En su primera cita quedaron en ir al cine. Como mamá es así, pues se quitó el audífono. No se enteró de nada de la película ni de la conversación con él, supongo, pero esa fue su ocurrencia para causar mejor impresión al caballero. A mí me decía que lo hizo porque le pita el audífono en el cine.

— O las broncas con la vecina —respondió Laura— porque se quitaba el audífono en casa y ponía la televisión al máximo volumen.

Las dos hijas han decidido hablar seriamente con su madre. Intentar convencerla de que no puede seguir así, que es preciso que se ponga el otro audífono si quiere recuperar cierta calidad de vida. Los argumentos apelarán al sentido común, pero María es tozuda. Además, no atraviesa su mejor estado anímico. Algunos problemas de salud la han llevado a una situación un tanto negativa. Le cuesta ver las cosas con serenidad. Laura y Susana tienen trabajo por delante, pero se han conjurado para que su madre entre en razón.


Mejor sin subtítulos

Susana y Laura están preocupadas. Notan a su madre como distraída. Y la última reunión familiar ha puesto sobre el tapete la necesidad de un audífono para el otro oído.

— Yo creo que a mamá le afecta no oír. Porque no se entera de nada y se siente desprotegida —comenta Laura.

— Pues algo tendremos que hacer. Si hace falta ayudar, pues ponemos un poco entre todos. Ya ha dicho el tío que es lo mejor, que cuanto antes lo hagamos, mejor para ella —responde Susana.

Las dos hermanas están dispuestas a sufragar gran parte del coste del audífono. Siempre ha sido así en su familia. Todo es de todos. Mientras hablan de este “rescate”, todavía desconocen que el tío Víctor va a hacerse unas pruebas al audiólogo porque siente que ha perdido audición. “Es el paso del tiempo”, piensa para sus adentros. No quiere preocupar de momento a sus sobrinas, a las que se siente muy unido. “Ahora lo que toca es que María recupere su normalidad”: esa es su filosofía.

María, por su parte, cree que con el otro audífono podrá llevar una vida más cerca de la normalidad. Está asustada, temerosa, porque otra vez las barreras se han levantado delante de ella. Intuye que es cuestión de días que las cosas empiecen a cambiar. Pero le cuesta aferrarse al optimismo.

Pensar en sus hijas y en su hermano la reconcilia con el mundo. Por eso le aterra pensar qué sucedería si no los tuviera. Ahora se encontraría en una especie de callejón sin salida. Afortunadamente están a su lado. Sabe que puede confiar en ellos, que en una temporada quizá pueda volver a ver la televisión sin necesidad de subtítulos.


Necesito otro audífono

Las fiestas son siempre motivo de encuentro. La cena se presuponía tranquila, cordial. Los comensales: los hermanos María y Víctor, y las hijas de ella, Susana y Laura. El lugar: la casa de María. Ella ejercía como anfitriona y había dedicado gran parte del día a preparar todo para que la velada fuera grata.

La televisión, de fondo, atronaba en el salón. Es la costumbre de María, que ya le ha costado algún enfrentamiento con la vecina. Ella dice que con su audífono le basta para llevar una vida normal. Y hasta ese encuentro sus hijas pensaban que así era.

A los postres, Víctor tomó la palabra con cierta solemnidad.

— Tengo que hablaros de un problema que tiene vuestra madre.

Tras un silencio un poco forzado, Susana y Laura se miraron perplejas.

— María cada vez oye peor. Necesita un sonotone…

Laura le cortó con cierto enfado.

— No me gusta eso de sonotone. Queda como antiguo. Esto es algo muy serio como para plantearlo esta noche.

María mediaba para que no terminara la cena con una discusión familiar. Víctor volvió a tomar las riendas de la conversación.

— No os preocupéis. Usaré otra palabra. Vuestra madre necesita un audífono para el otro oído.

— Así que oye mal y entre los dos decidís que tiene que ponerse un audífono. No sabía que fuerais tan expertos —dijo Susana.

A punto de llorar María intervino.

— Cada vez oigo peor. No es algo que se nos haya ocurrido sobre la marcha. He ido al audiólogo y es él quien lo recomienda.

Decidieron entonces que la mejor manera de cerrar el tema, al menos de momento, era fundirse en un abrazo los cuatro.