Archivo de February, 2019

El audioprotesista

Susana no se fía del todo de su madre. Sabe que María está capacitada para desenvolverse con normalidad. Pero también conoce que cuando su madre se ofusca es mejor que tenga cerca a alguien que pueda ayudar a que se desbloquee. Por eso se había anticipado a ofrecerse como acompañante. Y por eso también había intentado informarse. Se citaron en una cafetería cerca del centro. Tras tomar un café hacia allí se dirigieron. Fue Susana la que tomó la iniciativa.

— Buenos días. Quiero hablar con el audioprotesista que ha tratado a mi madre.

— Ahora mismo le atiende nuestro audioprotesista —contestó una mujer.

De una sala interior salió un hombre, que reconoció a María. Ambos se saludaron con cordialidad.

— Dígame María. ¿En qué podemos ayudar?

— Por fin me he decidido con el audífono.

— Recuerde que tiene un mes de prueba. Si no está conforme con el resultado, no está obligada después de ese tiempo a adquirir el producto.

Susana se sintió en la obligación de intervenir.

— Disculpe. Soy la hija de María. Quería hacerle alguna observación, porque he leído en Internet que este centro ha tenido ciertas quejas porque son comerciales las personas que atienden. Vamos, que no cuentan con audioprotesistas.

— La situación a la que se refiere fue un hecho puntual ya hace unos cuantos años. Y se solucionó muy pronto. En el caso de este centro el audioprotesista soy yo. Para las indicaciones de cómo colocarse el audífono pueden ayudar mis compañeras, que son comerciales, como usted indica. Es un asunto muy delicado. Por eso ha de ser un especialista quien realice la evaluación teniendo en cuenta las necesidades del paciente y la posterior adaptación. En esto cada persona es un mundo. A mí me toca también realizar el seguimiento.

Susana por fin se quedó más tranquila. Ahora solo queda esperar cómo se adapta su madre al nuevo audífono.


Un audífono con descuento

A Susana le extrañó muchísimo el mensaje de voz que su madre le había dejado en el contestador del móvil. Estaba con nuevos cometidos en la empresa y muy volcada en las tareas que la estaban encomendando. Volvió a escucharlo y la perplejidad cedió un poco. A fin de cuentas, María es un poco melodramática. Le gusta exagerar.

— Susana, hija. He tomado una decisión definitiva. Por fin voy a empezar una nueva etapa.

Cuando se lo puso por tercera vez le entró la risa. Era la forma que su madre tenía de decir que ya era hora, que iba a comprarse el audífono. Quiso, no obstante, asegurarse de que su interpretación era la correcta. Cuando tuvo un momento libre salió de dudas.

— Mamá, no te he podido llamar antes. Cuéntame. ¿Qué es eso tan importante que tenías que decirme?

Susana sabía que era mejor envolver la conversación en cierto misterio.

— Pues que ya he estado en una tienda para comprarme el audífono. Quiero de todas maneras que me acompañes. Me agobio mucho con las cosas que me dicen y prefiero que estés tú cerca para que te enteres de todo. Me hacen un descuento especial por el día de los enamorados.

Esta declaración de intenciones irritó un tanto a Susana, que no comprendía que su madre buscara ofertas en algo tan delicado como la salud.

— Claro que voy a acompañarte. Y voy a hacer todas las preguntas del mundo. No es lo mismo adquirir un audífono que unas salchichas en un hipermercado. Aquí lo del 3×2, ya sabes, llévese tres y pague dos, no procede.

A María le entró la angustia por si no estaba eligiendo correctamente. Susana la intentó tranquilizar. Aunque no le gustaba que su madre dependiera cada vez más de ella.


Se me cae el audífono

Ella piensa que si no se habla de las cosas no existen. Actúa como aquel enfermo que evitaba nombrar su dolencia para así alejarse de ella. Se resiste a cualquier cambio porque “no es el momento”. Su mejor argumento es que “tiene que cambiar el tiempo”. Y es que el frío, la lluvia o los días nublados la paralizan. Su hija Susana cree que si pusiera toda la energía mental en buscar soluciones a los problemas en vez de en encontrar excusas para todo, le iría mucho mejor.

Entre los pocos asuntos con los que bromea María se halla su pequeñez.

— Yo soy pequeña. Mis encantos, como el perfume, están en frascos diminutos. Manos pequeñas, pies pequeños…

En alguna ocasión se le ha caído el audífono. Cuando recuerda alguna de esas veces lo relata como consecuencia de sus “peculiaridades”.

— Claro, como tengo el oído pequeño no entra bien y se me cae.

En su intento de retrasar el nuevo audífono ha llegado a decir que “para qué lo va a encargar, si lo va a terminar perdiendo”. Su otra hija, Laura, opina que su madre está bastante molesta porque a otros amigos de su edad que usan audífonos les va estupendamente.

—En vez de aprovechar para poder llevar una vida placentera como sus amigas, entra en bucle con la afirmación de que a ella los audífonos no le sirven para casi nada.

Como la primavera aún está lejos para que María entre en fase de optimismo, Susana y Laura han decidido que le van a dar un ultimátum. No es la primera vez. Saben que a veces hay que exagerar para que su madre termine actuando correctamente.