Archivo de March, 2019

Que no se me vea el audífono

Rosa considera que fue feliz durante su primera infancia. No recuerda nada que perturbara los días apacibles de aquellos tiempos. Los problemas de audición todavía no habían aparecido y sus momentos se repartían entre la familia y los juegos. “Hay un antes y un después -rememora-. No puedo situar muy bien cuándo ocurrió. Pero todo empezó en clase: la dificultad para enterarme de lo que decía el profesor resultó la clave de que algo estaba pasando”.

Pasó Rosa en unos instantes de la vida en color rosa a los tonos oscuros: “No entendía qué sucedía. Al principio no quería hablar de ello con nadie. Lloraba mientras intentaba dormirme. Pero mis padres detectaron que algo raro estaba ocurriendo. A ellos me aferré. Como no podía ser de otra manera”. Tras unas consultas en el colegio, el siguiente paso fue que la niña se sometiera a distintas revisiones. Desde el principio sus padres intuyeron que podría ser algún problema de audición. Ellos deseaban que fuera algo temporal.

“No es que me divirtiera -explica- yendo a médicos y realizando distintas pruebas. Pero creía que gracias a eso mi vida podría ser como antes. Pues me equivoqué. Lo de antes se quedó en el pasado. Tendría que llevar audífonos para poder acercarme a oír como una persona normal. Jamás había oído esa palabra. Me asusté un poco”.

No fue fácil la adaptación. Rosa se resistía a llevar “eso”. Pero pronto empezó a notar las ventajas de “eso”. Poder volver a oír casi como antes dulcificó su carácter y venció sus resistencias. Ahora quedaba un camino por delante: cómo hacer para que no se le viera.


Audífonos, asunto personal

Rosa no se fía de nadie. La desconfianza es su estado natural. Claro que hay cosas que estimulan su día a día: la convivencia con su marido y sus dos hijos, la relación con sus padres y sus hermanos… Pero un sexto sentido le dice que tiene que estar en guardia, que el mundo es agresivo, que nunca se sabe por dónde pueden venir los ataques.

¿Serán los audífonos los que propician su guerra con el mundo? Rosa cree que no. Aunque también en esto tiene una actitud muy defensiva. Es una experta en camuflarlos, hasta el punto de que mucha gente de su entorno laboral desconoce sus problemas de audición.

Mantiene sus amistades, un pequeño círculo, de los tiempos de su juventud. Con ellos sí puede abrirse. Se siente como en casa. Son su “gente”. Ellos conocen su particularidad y siempre se ha sentido aceptada. No tiene que disimular.

En el trabajo es muy distinto. Aunque alguna compañera que entró al tiempo que ella sabe que lleva audífonos, prefiere que este asunto quede en la intimidad. Cree que podría resultar perjudicada. Ya tiene problemas constantes, roces con unos y otros. “Si se enteran de que soy sorda, seguro que me convierto en motivo de chiste”, explica a sus allegados.

En una ocasión su jefe directo la llamó al despacho. El motivo de su queja fue muy duro: “Rosa, creo que no estás capacitada para trabajar con nosotros. Estás quemando tus últimas oportunidades”. Salió llorando, con ganas de revolver Roma con Santiago, pero lo pensó mejor. Intentaría hacer cambiar de opinión a su superior. Pero prefirió mantener con discreción el asunto de sus problemas de audición. No quiso aferrarse a una posible discriminación para pararle los pies a su jefe.


Algún día tal vez lleve audífonos

Susana vive en un bucle del que parece que no va a salir nunca. Su madre sigue sin adaptarse al audífono. Cuando se lo colocan en el centro audiológico todo va sobre ruedas. Pero al llegar el momento de ponérselo ella comienzan los problemas. Por eso van a probar con otro modelo más fino.

María sigue muy baja de moral. Intenta llevar la vida de siempre, pero no está bien. Ella dice a sus dos hijas que la llamen por la mañana para no levantarse tarde. Ha dejado de usar el despertador de luz. Incluso recurre a su hermano para que pase a buscarla y que no se le peguen las sábanas.

Toda la paciencia que Susana genera con su madre es la que le falta con su compañera Rosa.Y lo verbaliza en cuanto tiene ocasión, pero siempre con gente ajena a su entorno laboral.

- Casi nadie sabe que Rosa es sorda y que lleva audífonos. Los camufla muy bien. Entramos casi al mismo tiempo a trabajar en la empresa y ella me lo contó. El resto de la gente de la oficina se pregunta por qué grita tanto. Y sobre todo por qué grita esas tonterías. Su tono de voz se ha hecho muy insoportable. Incluso ha tenido alguna queja de los clientes por su manera de dirigirse a ellos.

No cree Susana en el destino y mucho menos en el karma, pero empieza a asustarse de tanta coincidencia: su madre, su compañera Rosa, su tío también tiene problemas de audición, aunque de momento se niega a hacerse una revisión audiológica que le indique el estado de su salud auditiva. Y una idea le viene a la cabeza: algún día quizá yo también necesite llevar audífonos.