La sorpresa de los implantes cocleares

Lo primero que le llamó la atención de Marta fue su mirada. Aquel cumpleaños de un amigo común fue el comienzo de una atracción que les ha traído juntos hasta nuestros días. No quiere Agustín echar la vista atrás y contar los años. Le molesta un tanto el paso del tiempo, aunque los recuerdos sean gozosos. “Me gustó mucho. Me pareció muy guapa. Luego cuando comenzamos a hablar me resultó interesante. No sabía entonces que debajo de su melena ocultaba unos implantes cocleares”.

A partir de esa fiesta empezaron a quedar: una sesión de cine, a tomar algo, a cenar. Fue cuando Marta le contó que llevaba implantes, y que sin ellos no oía prácticamente nada: “Es una imagen que no se me borra. Me dijo que me tenía que revelar un secreto. Se echó el pelo para atrás y me mostró ese aparatito, del que yo apenas conocía nada”.

Todavía no habían intimado lo suficiente y sus encuentros eran la mejor forma de conocerse. Aunque Agustín estaba entusiasmado desde la celebración de aquel cumpleaños, pensaba que era mejor ir despacio si quería entablar una relación con Marta. La “confesión” le dejó un poco perplejo. Esa noche apenas pudo conciliar el sueño. Le dio por imaginarse situaciones y no tenía modo de resolver las dudas.

“Me interesaba esa chica. Así que decidí preguntarle, que me explicara. Quería saber todo sobre su sordera y sobre aquellos aparatos que a ella le hacían posible vivir con normalidad”, dice Agustín. La contestación de Marta se le quedó grabada para siempre en su memoria: “Quizá una buena idea para que aprendas es que estés a mi lado cuando sucedan esas cosas que tanto te preocupan”. Y así hasta ahora.

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