Necesito otro audífono

Las fiestas son siempre motivo de encuentro. La cena se presuponía tranquila, cordial. Los comensales: los hermanos María y Víctor, y las hijas de ella, Susana y Laura. El lugar: la casa de María. Ella ejercía como anfitriona y había dedicado gran parte del día a preparar todo para que la velada fuera grata.

La televisión, de fondo, atronaba en el salón. Es la costumbre de María, que ya le ha costado algún enfrentamiento con la vecina. Ella dice que con su audífono le basta para llevar una vida normal. Y hasta ese encuentro sus hijas pensaban que así era.

A los postres, Víctor tomó la palabra con cierta solemnidad.

— Tengo que hablaros de un problema que tiene vuestra madre.

Tras un silencio un poco forzado, Susana y Laura se miraron perplejas.

— María cada vez oye peor. Necesita un sonotone…

Laura le cortó con cierto enfado.

— No me gusta eso de sonotone. Queda como antiguo. Esto es algo muy serio como para plantearlo esta noche.

María mediaba para que no terminara la cena con una discusión familiar. Víctor volvió a tomar las riendas de la conversación.

— No os preocupéis. Usaré otra palabra. Vuestra madre necesita un audífono para el otro oído.

— Así que oye mal y entre los dos decidís que tiene que ponerse un audífono. No sabía que fuerais tan expertos —dijo Susana.

A punto de llorar María intervino.

— Cada vez oigo peor. No es algo que se nos haya ocurrido sobre la marcha. He ido al audiólogo y es él quien lo recomienda.

Decidieron entonces que la mejor manera de cerrar el tema, al menos de momento, era fundirse en un abrazo los cuatro.

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