El día después

Ha sido una semana de reivindicaciones y reconocimientos. Quizá todo se reduce a los quince minutos de fama (o menos) de los que hablaba Andy Warhol. Pero ya queda lejos. Ahora es hoy y los focos ya no están puestos sobre las personas con sordera.

Recuerda que el día 28 de septiembre leyó algún reportaje en el móvil, pero sintió que la única función que tenían en los medios de comunicación era la de rellenar hueco. No es pesimista, pero comprende que falta mucho para que la sociedad española esté plenamente sensibilizada con los problemas de audición.

Normalmente se desplaza en coche, pero ese día necesitó usar el metro. Pensó que seguramente en aquel vagón había alguna persona más, aparte de él, con discapacidad auditiva. “Somos más de un millón. Por estadística y tal cómo está de lleno no seré el único”, se decía a sí mismo. Más de un millón, dicen las cifras. Pero hay cierta invisibilidad en este colectivo. Repasa mentalmente los datos de la Organización Mundial de la Salud: la sordera afecta a más del 5% de la población mundial, que vienen a ser 360 millones de personas en todo el planeta. De ellas 32 millones son niños. Le entra un escalofrío.

No le gusta quejarse en exceso y las barreras le sirven de estímulo, pero no puede dejar de cavilar sobre una situación que considera injusta. Es consciente de los logros obtenidos, pero admite que falta mucho para que las personas con sordera accedan, por ejemplo, con cierta normalidad al mercado de trabajo. Y poder acabar con los prejuicios

Por eso se desespera cuando pasan las celebraciones. Porque el tiempo transcurre, aunque la gente sigue necesitando ayuda. Pero no está dispuesto a tirar la toalla. Hay que seguir luchando.


Queremos disfrutar de los espectáculos

Para las personas con discapacidad auditiva asistir al teatro, cine o a alguna sala de conciertos suele ser una experiencia negativa. Según una encuesta, el 94% de los preguntados afirmaron que no podían disfrutar de los espectáculos.

El estudio, realizado en el Reino Unido entre personas con distintos grados de discapacidad auditiva, indica una realidad. Además, el 83% mostró su descontento por la falta de unos recursos que podrían proporcionales una accesibilidad total.

Se trata solamente de unos sencillos ajustes. Por ejemplo, el 73% apuesta por reducir el ruido de fondo cuando hay diálogos para mejorar la experiencia. Dos tercios de los participantes (el 66%) ponen el énfasis en disponer de un sistema de asistencia a la escucha. El 77% prefiere bucles magnéticos en lugar de los sistemas infrarrojo o FM.

La encuesta también evaluó la experiencia con los empleados de las taquillas, el bar del local, acomodadores y atención al cliente. El aspecto más destacado en este apartado es proponer que los trabajadores de los centros hablen con claridad y frente al cliente.

Los encuestados señalaron como positivo reducir el ruido de fondo en las áreas donde se sirve comida (51%), las taquillas (48%) y el bar del local (46%). Otra sugerencia consiste en habilitar zonas de silencio para comer o beber y poder disfrutar de conversaciones con familia y amigos.

Desde esta ventana animamos a empresarios y administraciones central, autonómicas y municipales de locales de cine, teatro y música a seguir incorporando medidas de accesibilidad. Todos los lugares de ocio se unen al amplio listado que CLAVE ofrece en su web de los lugares accesibles en las distintas provincias españolas: Guía de Lugares Accesibles (https://goo.gl/zB1GqD). Queda camino por andar. La misión de todos es lograr la plena inclusión. Y el ocio en este sentido es capital.