Mis primeras navidades con implante

“Sorprendido, pero con muchas ganas de seguir batallando”. Así se encuentra Alberto en sus primeros festejos navideños con implante coclear. “Ya me dijeron que todos los accesorios corren de mi cuenta: las pilas, la batería, los cables, pero yo lo considero una buena inversión”, explica.

Aunque a veces se siente inmerso en un caos por oír con el implante coclear por el derecho y el audífono por el izquierdo, está bastante satisfecho porque cada vez consigue distinguir más matices en los sonidos. Hasta dentro de tres meses no volverá a encontrarse con el programador. Mientras, prueba con los cuatro programas, que le permiten oír más: “Si me molesta vuelvo al anterior”.

La logopeda le pone deberes, como leer en voz alta, hablar con mucha gente sin mirar a la cara, mantener conversaciones sin el audífono del oído izquierdo para que trabaje el cerebro. Es un proceso que podrá ser valorado dentro de un año. Alberto está preparado para algún momento de bajón, pues pueden darse pequeños baches en los que no se avanza tan rápido como se quisiera.

“Tiene que merecer la pena todo lo que estoy haciendo -comenta-. Igual no puedo oír bien la música de fondo de un bar. Pero seguramente pase de no oír nada a poder tener una conversación. Y eso es mucho. Me compensará haber pasado por dos operaciones. Y volver a los recitales de poesía y a los conciertos”.

Su mayor preocupación es la de golpearse en la zona del implante. Pero se lo toma todo con mucha tranquilidad. Ahora vive en casa de sus padres. Y así se siente mucho más protegido. Ya ha empezado a usar el teléfono móvil. Solo capta palabras sueltas, no es capaz de seguir la conversación, pero sus avances le dan mucha esperanza.


Todo este jaleo de sonidos

Martes y jueves son los días marcados en el calendario imaginario de Alberto para no olvidar su importante cita con la logopeda. Estaba emocionado antes de su primera vez y relata la experiencia con ánimos renovados: “Creo que está muy acostumbrada a tratar con adultos. Me explicó que tendríamos que vernos durante un año. A mí me parece mucho tiempo. Pero lo que tenga que ser será”.

Alberto piensa que todo está yendo muy deprisa: “Me pusieron la parte externa del implante coclear un viernes y al martes siguiente ya fui a la logopeda. En aquella primera sesión expliqué que ya oía mi voz. A ella la pareció que había sido rápido. La misma impresión tuvo del proceso, porque me pusieron la parte externa un mes después de la cirugía. Supongo que tiene que ver con la cicatrización”.

La logopeda le estuvo preguntando. Luego pronuncia palabras que Alberto tiene que repetir. “Me dejó el texto, las palabras que ella decía, para que yo pudiera leerlas en el papel. Porque en teoría no debería entenderlas”, explica.

El optimismo le hace fuerte: “Yo creo que no voy a estar un año. Pero no hay que correr. Del primer día cuando me instalaron la parte externa, que oía golpes, a hoy las cosas están cambiando. Me dicen que el cerebro todavía no reconoce bien los sonidos. Pues iremos poco a poco. Es una locura porque por el oído izquierdo oigo normal, y por el derecho tengo todo este jaleo y se mezcla y casi no entiendes nada”.


Ya me pusieron la parte externa

“No soy de los que se quejan. Y motivos podría tener. Aunque no creo en el destino, empiezo a pensar que por alguna razón todo, absolutamente todo, es más difícil para mí”. A Alberto le preocupan los imprevistos. Normal. Tenía cita con el programador para instalarle la parte externa del implante coclear y hubo que anular la cita, porque este especialista no pudo asistir. “No pasa nada. Solo hay que esperar un día más”, explica.

Dicho y hecho. Un día después le colocaron la parte externa. Está contento porque el proceso sigue su curso, aunque se está encontrando con sensaciones raras: “Al principio solo oía ruidos, como ya me habían advertido. Al poco ya escuchaba mi voz, pero de forma metálica, como si fuera un robot. Me resulta todo muy confuso, porque por un lado la escuchas así y por el otro como realmente es. A mí me parece un poco locura. En realidad, escucho todavía poco, pero esto irá cambiando”.

En estos momentos de cierta inseguridad, Alberto prefiere comunicarse con los amigos a través de las redes sociales. “Ya llegarán los días -comenta- en que pueda verme con la gente a tomar un café. De momento me estoy centrando en ir evolucionando poco a poco”.

Ya ha empezado con la logopeda y las primeras impresiones son buenas: “Estoy deseando volver. Voy a ir los martes y los jueves. La lástima es que el segundo día que me hubiera tocado es fiesta”. El 21 de diciembre se verá de nuevo con el programador. Alberto es de naturaleza tranquila, pero en el fondo de su corazón quiere que todo se acelere.


Implante unilateral

Alberto se ha implantado en el oído derecho. El implante en hipoacusia unilateral es relativamente reciente, pero su grado de éxito resulta notable, según revelan los expertos. Él sabe que su autonomía se va a reforzar y que va a recuperar calidad de vida. “Aunque si tuviera una máquina del tiempo iría veinte años después -explica Alberto- porque la técnica quirúrgica habrá evolucionado mucho”.

Sabe que todavía no es momento de implantarse en el oído izquierdo: “Me han dicho los médicos que mientras oiga es mejor que en este oído lleve un audífono. Así que estoy en una especie de espera continua. Pero no voy a perder mucho tiempo en pensarlo. Las cosas son así de momento. Ya tocará decidir más adelante”.

Recuerda con cierto tono humorístico los primeros momentos tras la operación: “Llevaba un vendaje en la cabeza que parecía un turbante”. El semblante le cambia cuando relata lo mal que lo pasaba en las curas: “Era tocarme y caía al suelo mareado. Pero por fin llegó el momento de quitarme los puntos. Sentía que faltaba menos para el final del proceso”.

Y Alberto tuvo que elegir el modelo de implante: “Había uno, el que va en la oreja, con procesador y bobina. El otro era con petaca y yo lo vi más complejo de manejar, aunque realmente se nota mucho menos”. Él prefiere que el resto del mundo lo distinga fácilmente, “porque así saben que soy sordo”.

La herida ya ha cicatrizado y está pendiente de que le pongan la parte externa, a encontrar fechas que cuadren con el programador. Y pronto al logopeda. Necesita clases, entrenamiento, ejercicios para que el cerebro empiece a captar todo y a asimilarlo. Es otra forma de oír distinta. Se jugará también con la memoria al haber oído con anterioridad. Alberto lo está deseando.