Los amigos no te dan de lado por llevar audífonos

Como todos los jóvenes, Blanca vino a “llevarse la vida por delante”. Le gusta mucho citar este poema de Jaime Gil de Biedma, un autor que conoció en esa época en la que todavía las emociones son un terreno inexplorado. Podría pensar que los libros eran su refugio, su manera de distanciarse de un mundo complejo para adentrarse en un universo de ensoñaciones. Fueron los tiempos en que más leyó y más disfrutó de esos escritores que iba conociendo. Narrativa y poesía, principalmente. Uno le llevaba a otro. No necesitaba que los audífonos funcionaran bien. Para la literatura le bastaba con su afición.

Blanca era consciente de que no debía aislarse. Por eso acudía también a los encuentros de la pandilla, que solían terminar en alguna discoteca. No era muy partidaria de gastar su ocio en esos menesteres. No le gustaba bailar y en esos ambientes se encontraba muy perdida. Tenía que hacer muchos esfuerzos para conseguir comprender lo que hablaban sus amigos. A veces no se enteraba de nada. Pero no quería encerrarse en su pequeña isla.

Ahora, ya en la madurez, Blanca cree que no si no hubiera sido sorda habría sido más fiestera: “Las circunstancias personales de cada uno nos van moldeando. Y yo no oigo bien, aunque los audífonos me permiten llevar una vida casi normal”.

Poco a poco, de manera natural, el gran grupo de amigos se fue partiendo en grupúsculos donde entraban en juego las afinidades. A Blanca le encanta el cine, a pesar de que alguna vez ha tenido dificultad para la comprensión de la película. Así que pronto se formó un conjunto de personas más inclinadas hacia el mundo cultural. De aquel entonces todavía conserva la amistad, intacta tras los años, de algunos: “La amistad está muy por encima de las características de cada uno. Estos grandes amigos jamás me dieron de lado por llevar audífonos”.


Reírse de un sordo

Siempre fue una persona sociable. En la infancia y juventud no le costaba hacer amigos. No era precisamente un chico tímido, lo que favorecía sus relaciones con el mundo exterior. Hasta que llegó aquella nube, que en un principio no supo admitir. No sucedió de hoy para mañana, pero poco a poco Guillermo se fue refugiando en las cuatro paredes de su habitación. La influencia de sus padres y su decisión de salir de su especie de encierro favorecieron que se enfrentara a la pérdida de audición.

Tuvo que acostumbrarse a llevar los audífonos. Según dice él a olvidar que los llevaba puestos para no “cortarse”: ni en los sucesivos trabajos que encadenó ni en su vuelta a la vida social. Algunos de sus amigos de juventud, de la pandilla, le acogieron con los brazos abiertos en esta nueva etapa de su vida. Retornó entonces a los conciertos de música, a las fiestas, solo cuando su actividad laboral se lo permitía.

Guillermo justifica la prevención de los primeros momentos no tanto por él sino por algunas reacciones que sufrió. No sabe si estaba especialmente precavido y desconfiado, pero creyó notar que alguna chica le esquivaba en cuanto se percataba de que llevaba audífonos. No fue algo que le sucediera de continuo, pero si generó una cautela. Él piensa que hay gente que se ríe de los sordos. Afortunadamente el tiempo le ha demostrado que la normalidad preside los actos de las personas con las que se cruza.

Así, de la manera más normal conoció a Clara en un local donde presumen de pinchar solo música española. Tras un noviazgo de un año decidieron unir sus vidas. Hoy les acompañan sus dos hijos en esta tarea que consiste en seguir adelante.


Bravo por la música

Guillermo no sabe situar el preciso momento en que comenzó a notar que estaba perdiendo audición. Le cuesta fijar el recuerdo. Le vienen ráfagas de momentos en que se perdía en las conversaciones, de tener que esforzarse en el cine para no perder el hilo de la película, de esa temporada en que decidió darle la espalda al mundo y encerrarse en casa. Y era precisamente la música, su eterna compañera, la que le servía de paño de lágrimas. Pero al mismo tiempo le estaba indicando que algo no iba bien. No era capaz de disfrutarla como siempre. Perdía los matices.

Eran los tiempos de aquella canción de The Verve, Bitter Sweet Familiy, que se hizo tan famosa. Le encantaba a Guillermo la voz de Richard Ashcroft y la música de la banda. La música quedó, como él, confinada al hogar. Dejó de acudir a pubs y discotecas. Los conciertos desaparecieron de su agenda. La táctica del avestruz. Lo reconoce. Pero no quería confirmar que cada vez oía peor.

Aunque se considera un hombre de pop es capaz de gozar con la música clásica o el flamenco. Ahora le dan mucha pena las noticias de artistas que se están quedando sordos, como Eric Clapton. Es lo peor que le puede suceder a un músico. A él los audífonos le permiten seguir descubriendo nuevos talentos. No se imagina un mundo sin música.

No puede quejarse, pero quizá, tal vez, si no hubiera perdido audición, podría haber seguido tocando la guitarra, y quién sabe… Pero prefiere no perder demasiado tiempo en soñar imposibles. Las cosas son como son. Y afortunadamente la vida no le está tratando mal.


“Prefiero oír bien a tener un coche potente”

Alberto quiere que se sepa. Aunque usa audífonos, no tiene garantizado oír bien siempre: “Comprendo que haya gente que no lo entienda. Pero esto no es igual que ponerte unas gafas graduadas, que te las colocas y ves bien. Esto no. Depende de muchas cosas. Pero bueno. Es así y con ello tengo que seguir”. En lugares con mucho ruido de fondo, por ejemplo, pubs o discotecas, los audífonos se le acoplan porque tiene que subir el volumen y entonces no oye ni a la persona que tiene al lado.

Y no es tan infrecuente que no oiga. Ahora, como lleva una temporada que no oye bien con los audífonos, ha optado por no acudir a determinados lugares. Alberto disfruta con la poesía, sobre todo con los recitales, pero si no hay micrófono para escuchar a los autores con nitidez prefiere quedarse en casa. Lo mismo le pasa con las actuaciones musicales. El ruido del ambiente le lleva en ocasiones a renegar de su mayor afición.

De todas las historias las que más le emocionan son los vídeos de los niños que nacen sordos y gracias a un implante pueden escuchar. Alberto asume que él tiene que tirar para adelante con los audífonos, pues tiene dañado el nervio auditivo y no puede operarse. Tiene fe, no obstante, en los avances científicos y tecnológicos en materia auditiva.

Es consciente que desde que se puso los audífonos, hace seis años, se ha avanzado mucho. Recuerda lo que le costaron: 3.600 euros. “Porque llevo dos”, recuerda. Y piensa que se los va a cambiar en breve: “Por ese precio actualmente son mucho mejores. Yo prefiero oír bien a tener un coche potente o pegarme un viaje como hacen muchos a Cuba”.


No oigo bien, vale, pero disfruto de la música a rabiar

Tiene 39 años. No le asusta cumplir 40 y pasar fronteras. A fin de cuentas la vida consiste en quemar etapas, ir de un lugar a otro, física o mentalmente. Él puede hacerlo a diario, porque le gusta la carretera y su trabajo le lleva del uno al otro confín. Hace doce años A. comenzó tener problemas de audición y desde 2011 lleva audífonos. Precisamente el próximo mes de julio cumple seis años con ellos. Tal vez incluso lo celebre con los amigos, que tiene un buen puñado.

Se considera un soñador porque alguna de sus ilusiones no han podido cumplirse, como la de estudiar Filología. Las calles de Villaverde, en el sur de Madrid, le curtieron en lo que El Fary llamaba la universidad de la vida. La poesía y la música, la música y la poesía, tanto monta, monta tanto, resuenan en su cabeza. Gracias a ellas siente que está vivo. Más vivo.

No le gustaría tener que elegir. Versos y pentagramas. Para él son manifestaciones de un arte poderoso que traspasa el espíritu. Sus momentos de ocio son un frenético deambular de un micro abierto de poesía a un concierto en Libertad 8, de la presentación de un libro a una actuación en Galileo Galilei.

No le frenan los audífonos. Adora la música. Aunque sabe que esa maravilla le puede ocasionar problemas graves. La exposición a ruidos elevados es un peligro, sobre todo para las personas que acuden a conciertos. Pero A. es un devoto de la música con fondo. Huye de los macrofestivales y del ruido excesivo y asiste con verdadero entusiasmo al renacimiento del género de los cantautores.

Su amor por la música le ha llevado a escribir un blog sobre las principales actuaciones de canciones de autor en locales de la capital. A. vive la música. Y se le nota. Los audífonos no son una barrera. Al contrario. Le ayudan a disfrutar.


El peligro del volumen en los móviles

Algunos móviles lanzan un mensaje de advertencia cuando se aumenta el volumen de la música. Este aviso sucede con los auriculares puestos. Y llega incluso a decir que puede resultar perjudicial para la salud. Es costumbre usar el smartphone para escuchar música, con auriculares o con altavoz. Aunque el volumen no determina la calidad del sonido, los jóvenes suelen ponerlo al máximo. Y es peligroso.

El efecto es igual para mp3 o Ipod. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), 1.100 millones de adolescentes y jóvenes están en riesgo de sufrir pérdida de audición por el mal uso de aparatos de audio y por la exposición a niveles sonoros dañinos en discotecas, bares y eventos deportivos.

Un nivel dañino de ruido puede ser la exposición a 100 dB durante 15 minutos. Para evitar la pérdida de audición hay que acostumbrarse a mantener el volumen bajo en los dispositivos de audio, utilizarlos como máximo una hora al día y usar protectores de oídos en lugares ruidosos.


Queremos disfrutar de los espectáculos

Para las personas con discapacidad auditiva asistir al teatro, cine o a alguna sala de conciertos suele ser una experiencia negativa. Según una encuesta, el 94% de los preguntados afirmaron que no podían disfrutar de los espectáculos.

El estudio, realizado en el Reino Unido entre personas con distintos grados de discapacidad auditiva, indica una realidad. Además, el 83% mostró su descontento por la falta de unos recursos que podrían proporcionales una accesibilidad total.

Se trata solamente de unos sencillos ajustes. Por ejemplo, el 73% apuesta por reducir el ruido de fondo cuando hay diálogos para mejorar la experiencia. Dos tercios de los participantes (el 66%) ponen el énfasis en disponer de un sistema de asistencia a la escucha. El 77% prefiere bucles magnéticos en lugar de los sistemas infrarrojo o FM.

La encuesta también evaluó la experiencia con los empleados de las taquillas, el bar del local, acomodadores y atención al cliente. El aspecto más destacado en este apartado es proponer que los trabajadores de los centros hablen con claridad y frente al cliente.

Los encuestados señalaron como positivo reducir el ruido de fondo en las áreas donde se sirve comida (51%), las taquillas (48%) y el bar del local (46%). Otra sugerencia consiste en habilitar zonas de silencio para comer o beber y poder disfrutar de conversaciones con familia y amigos.

Desde esta ventana animamos a empresarios y administraciones central, autonómicas y municipales de locales de cine, teatro y música a seguir incorporando medidas de accesibilidad. Todos los lugares de ocio se unen al amplio listado que CLAVE ofrece en su web de los lugares accesibles en las distintas provincias españolas: Guía de Lugares Accesibles (https://goo.gl/zB1GqD). Queda camino por andar. La misión de todos es lograr la plena inclusión. Y el ocio en este sentido es capital.


Otra víctima de la música

Midge Ure se une a la lista de músicos que sufren pérdida de audición provocada por su carrera artística, como Luis Miguel, Brian Johnson, Pete Townshend, Eric Clapton, Ozzy Osbourne, Grimes, Phil Collins o Chris Martin.

Las bandas en las que Ure ejerció como líder, Ultravox y Visage, forman parte de la historia del pop. Aún permanece en activo, pero el músico escocés padece pérdida de audición y tinnitus. Él mismo ha reconocido que el constante pitido en sus oídos le acompaña a todos los lugares. También ha explicado que cuando acude a restaurantes le resulta difícil comunicarse si existe ruido de fondo.

No quiere que los problemas auditivos que le hacen más difícil su vida diaria afecten a su música y sigue empeñado en dar conciertos. Para limitar los daños, Midge Ure usa tapones hechos a medida con los que puede escuchar durante las actuaciones.

Atrás quedaron muchos momentos irrepetibles. Pero un día, mientras grababa en el estudio, se percató de que la existencia de un pitido en los oídos. Ya nunca se fue. Él sigue tocando, a pesar de su tinnitus. Y avisa que mientras tenga buena salud no se retirará.

Los riesgos no son exclusivos de los músicos. El peligro para los asistentes a un concierto comienza a partir de los 85 dB. La exposición prolongada a altos niveles de ruido causa lesiones que afectan a la audición. Hay dos maneras de frenar el peligro: el uso de tapones y alejarse de la fuente sonora. Separarse de los altavoces es un buen consejo. Por ejemplo, los empleados de discotecas ya utilizan para reducir el impacto de la música alta. La música es una delicia, pero su manera de escucharla puede dejar lesiones irreversibles. En la Fundación Oír Es Clave puedes encontrar medios para proteger tu audición.